Killing Peace había demostrado que Onslaught podían seguir siendo titanes del thrash inglés con un sonido moderno y refrescante, y Sounds of Violence había sido la confirmación de que aquel regreso no había sólo un golpe de suerte. Y parece que Onslaught se sentían en racha, porque apenas dejaron pasar dos años antes de volver al estudio para registrar un nuevo álbum en esta nueva encarnación.

En el medio se dio un cambio de formación, algo nada nuevo para una banda acostumbrada a ello pero que en el caso de Onslaught bien podría ser uno de los más grandes hasta el momento: el baterista Steve Grice, quien se había contado entre los miembros fundadores de la banda y que era el único aparte del guitarrista Nige Rockett que había aparecido en todos los álbumes de la banda, abandonó Onslaught en 2011. Su lugar fue ocupado por el ex-Extreme Noise Terror Michael Hourihan.

Titulado simplemente VI, obviamente por ser el sexto álbum del por entonces quinteto, sería fácil decir que este nuevo trabajo de Onslaught seguía lo hecho en los álbumes anteriores desde la vuelta: thrash que navega la fila línea entre el tradicionalismo y la modernidad, con una producción potente y el (casi) eterno Sy Keeler aportando sus voces curtidas, todo con letras bien directas sobre muerte y oposición a las religiones. Y todo eso sigue estando en su lugar, pero personalmente diría que VI parece ser una respuesta a ciertas críticas hacia que la propuesta se estaba tornando repetitiva: un Killing Peace 2 no va a tener el mismo impacto que el Killing Peace original, básicamente.




"Chaos is King" da inicio a la placa con un riff destructivo que da ganas de estar en medio del mosh más violento del mundo, y hasta más tarde se pueden escuchar algunas influencias deathmetaleras en ciertos riffs. Pero la gran estrella al inicio de este álbum es Hourihan, que prueba tener el nivel para el puesto con un doble bombo asesino y un golpe que mete miedo. Esta es seguida por "Fuel for my Fire", que es bastante de manual para Onslaught pero no decepciona para nada.

Sí, ninguna de estas dos prueban mi punto de que Onslaught estaban tratando de varias las cosas, sino hasta más tarde: "Children of the Sand" da inicio con una voz femenina y sonidos de cuerdas, e incluso cuando aparecen las guitarras thrasheras se puede seguir sintiendo una onda oriental en algunos riffs intercalados, algo que va de la mano con las letras, con varias referencias que se pueden interpretar como referentes a los conflictos en el Cercano Oriente. Una canción casi experimental para el grupo, y uno de los puntos más altos de la placa.

"66'Fucking'6" tiene una letra que no sonaría fuera de lugar en una canción de Five Finger Death Punch, pero que a diferencia de FFDP me hace sonreír por lo exagerada que es (la diferencia está en que FFDP no son capaces de generar ninguna respuesta positiva), y luego de ese sonido inesperado de una caja musical deja en claro que Onslaught pueden darse un momento para no tomarse súper en serio. Además ese solo se lleva todos los aplausos.

El resto del material va por los caminos que uno se espera de Onslaught, pero se nota que a esta altura los ingleses están bien al tanto de aquello con lo que son buenos, pero no por eso se privan de arriesgarse de vez en cuando. "Slaughterize" es un thrashazo a lo Exodus que pega donde tiene que pegar, y "Enemy of my Enemy" es un tremendo final para el álbum.

VI es su mayor parte de manual para Onslaught: hecho con un método detrás y sabiendo bien cuál sería el resultado final desde un principio. La banda no tiene nada que probarle a nadie a estas alturas, pero igual se nota que de vez en cuando les agarra el bicho de querer probar cosas nuevas y salirse de las normas tan rígidas del estilo. Pero siempre estarán las muestras de thrash salvaje, y en eso Onslaught siempre se destaca.


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