Killing Peace había sido el regreso triunfal de Onslaught al estudio, demostrando que los ingleses tendrían más canas encima pero que no habían perdido las mañas, pudiendo tomar algunas influencias más modernas sin perder nada de agresividad ni pesadez en su sonido. Pero dicen que lo importante no es llegar a la cima sino mantenerse, y eso era lo que tenía que probar el quinteto al momento de registrar la que sería la segunda placa en esta nueva etapa del grupo.

A cuatro años de su regreso discográfico, Onslaught editaron Sounds of Violence, su quinto álbum de estudio. En el medio el guitarrista Alan Jordan se fue del grupo en 2008, y su puesto pasó a ser ocupado por Andy Rosser-Davies, que con los años se convertiría en el guitarrista líder que más tiempo estaría en Onslaught.

Quien haya escuchado aquel álbum regreso sabrá lo que se irá a encontrar en este disco, porque sigue de cerca lo hecho en ese: thrash metal del nuevo milenio, con mucho riff gordo y un sonido bien claro, donde cada repiqueteo de la bateria pega el punto justo. La comparación con el Exodus de Tempo of the Damned sigue estando, pero para este álbum Sy Keeler deja de tratar de sonar como Zetro Souza y expande mucho su rango, metiendo incluso algunas voces podridas y otros elementos más personales. Otro cambio en la propuesta es que hay bastante más groove en este álbum: algo del Machine Head de The Blackening parece haberse escurrido entre el sonido de los británicos, y termina sonando bastante bien, comparado con otros thrasheros que han optado por el groove y fallado.

La inicial “Born For War” es un bombazo que da un comienzo espectacular a la placa, metiendo riffs y solos por doquier, con un Steve Grice imparable detrás de la batería. “The Sound of Violence” sigue esta tendencia, metiendo no sólo una referencia a Simon & Garfunkel en su título sino dando cátedra de tomar un riff relativamente sencillo y darle una violencia inusitada.

“Godhead” le da un toque slayeriano al asunto, y “Antitheist” es una marcha a medio tiempo que arrasa con todo a su camino, apoyada por ese doble bombo asesino. Pero canción final “Suicideology” es donde el álbum alcanza su punto más alto, siendo no sólo la más pesada del álbum sino donde Keeler impacta con todos los tipos de voces que mete en una sola canción, apoyado por los riffs asesinos escupidos por las guitarras de Rockett y Rosser-Davies.

Aunque no dar un respiro a lo largo de todo el álbum, sacando la intro y el outro, pueda hacer que las cosas se tornen un poco repetitivas, Sounds of Violence demostró que esta nueva vida de Onslaught no era algo de un solo álbum, sino que el grupo tenía mucho para dar de ahora en más.

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