Danzig Sings Elvis tiene una larga historia detrás: la idea de hacer un disco de covers se había estado pensando desde hacía al menos una década, algo que derivó en 2015 en Skeletons, donde Danzig tributara a varias de sus influencias como Black Sabbath, Aerosmith y el rock de garage. Aquel disco fue criticado por todos lados, y con mucha razón: no sólo cada uno de los covers sonaba como una versión mucho peor de la canción original, sino que la producción era directamente deficiente, con un sonido indigno para una figura y leyenda como la de Danzig, algo que se repitió con Black Laden Crown, su siguiente álbum de material original.

Sin embargo, de lo que de verdad se estaba hablando era del disco de covers dedicado a quien es por lejos la mayor influencia de Danzig: Elvis Presley. El ex Misfits nunca había hecho un secreto de su fanatismo por el Rey del Rock and Roll y ya había incluido una de sus canciones en Skeletons, pero la idea de dedicarle un álbum completo se venía sugiriendo desde hacía mucho tiempo, aunque no fue hasta 2015 que Glenn Danzig presentó un adelanto del álbum con su versión de "Always On My Mind", y no fue hasta 2016 que se anunció que lo había terminado de grabar.




¿2016? Sí, al parecer el álbum se había terminado de grabar hacía casi cinco años, pero Glenn suele tomarse un largo tiempo para producir sus álbumes, a lo que se suman sus demonios internos siempre haciéndose presentes: en 2017 había puesto en venta su casa, y el estado derruido y desordenado de la misma hizo que muchos se preguntaran si el vocalista estaba siquiera en condiciones no ya de continuar con su carrera artística, sino directamente de cuidarse a si mismo.

Considerando el tiempo que este disco pasó en producción y el fanatismo de Danzig por la figura de Elvis, ciertamente había bastantes expectativas a su alrededor, con la esperanza de que Skeletons y Black Laden Crown fueran sólo un par de baches en su discografía, a lo que podríamos sumarle el desastre que fue su película Verotika. Pero después de escuchar más de un par de veces las 14 canciones que componen este nuevo trabajo, tenemos que concluir que esos dos álbumes no son instancias aisladas en su discografía, sino una tendencia que sigue con Danzig Sings Elvis.

Encargado de casi todos instrumentos y apenas acompañado por el inseparable Tommy Victor en la guitarra (y por Joey Castillo en la batería en una canción), Danzig Sings Elvis es un repaso de material grabado por El Rey más que nada durante los cincuentas, con alguna que otra incursión en los sesentas y hasta una canción de 1974. Lo primero que llama la atención es el sonido garagero del disco, siendo que uno casi puede imaginarse el espacio donde se grabó, como si de verdad hubiera sido grabado en un garage. Danzig suena como si estuviera cantando con un micrófono colgando en medio de la habitación, y esta fuera enorme por el eco aplicado a su voz... o directamente mal acustizada. Pero cuando hablo de "sonido garagero", no lo aplico de la misma manera que si estuviera hablando de un disco de The White Stripes, The Stooges o Hellacopters, sino más en el hecho de que el disco suena muy mal: la guitarra, las voces, el bajo y la batería suenan como si se estuvieran grabando en habitaciones completamente diferentes, y el redoblante suena completamente anémico. Como muestra, escuchen "Like A Baby" y díganme si el redoblante no suena como una caja de cartón con reverb encima.




Y menciono esa canción en especial porque los instrumentos van cambiando de sonido a lo largo del álbum, siempre manteniendo una calidad muy baja. Todo suena falto de fuerza, con un volumen demasiado bajo comparado con la voz de Danzig. En algunas canciones logran sonar completamente intrascendentes: tardé un rato en darme cuenta de que había una guitarra en "First In Line", o que había bajo en "One Night". ¿Cómo es posible que haya instrumentos que directamente no se escuchen? ¿La idea era recrear el estilo de las grabaciones de los cincuentas? Porque esto no suena retro, sino que directamente suena pésimo. Es un desastre de producción, donde ninguna de las decisiones tiene el más mínimo sentido.

Pero lo que termina de hundir al álbum es el punto central del mismo: la voz de Danzig. Hace rato que Glenn viene demostrando que los años de canto y excesos le terminaron pasando factura, pero pocas veces sonó peor que en este disco, apenas pudiendo alcanzar algunas notas y sonando directamente aburrido por momentos. No ayuda que los instrumentos suenen mucho más bajos que su voz (o que la voz esté tan alta en la mezcla, dependiendo de cómo lo vean), dejándola en el centro de todo y no pudiendo tapar lo mal que suena ni con todo el eco y reverb del mundo. El día y la noche comparado no ya con su etapa en Misfits o sus primeros álbumes solistas, sino ya con incluso hace un par de años.

Es sinceramente triste tener que ser testigo de la decadencia de una de las figuras más importantes del rock de las últimas cuatro décadas, forjador de un sonido, una imagen y un universo propio a través de sus canciones. Como dijera antes sobre sus demonios internos, es hora de que alguien se acerque al "Elvis del Infierno" y le dé una mano, ya no para reencaminar su carrera sino su vida, porque lo de Danzig es, a esta altura, un grito desesperado de ayuda.



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