Entre El Cielo Y El Infierno es un disco que ocupa un lugar especial en la discografía de Rata Blanca: creo que nadie lo definió mejor que el baterista Gustavo Rowek cuando dijo que era "el disco más terrenal de Rata": con letras centradas firmemente en una línea conceptual de problemáticas sociales tanto locales como internacionales y un estilo mucho más pesado que discos anteriores (gracias tanto a un sonido de guitarra más gordo como a la voz "halfordiana" de Mario Ian, quien reemplazó a Adrián Barilari tanto en este disco como en la gira de presentación del EP El Libro Oculto), terminó dando forma a un paquete extremadamente atractivo para gente ajena a la banda, no por nada se lo suele considerar como "el disco de Rata Blanca que más le gusta a los que no son fans de Rata Blanca", como también dijo Rowek en la entrevista. Siendo casi completamente ignorado en las presentaciones en vivo de Rata Blanca en estos días, la noticia de que casi todos los músicos que participaron del álbum (con excepción del guitarrista Walter Giardiano, que no se mostró interesado, y del bajista Guillermo Sánchez, quien iba a participar hasta su inesperado fallecimiento) iban a reunirse para celebrar los 25 años de su salida despertó el entusiasmo de muchos, como se vio reflejado el viernes 13 de diciembre último con un Teatrito bastante cerca de estar completamente lleno.

Las presentaciones previas al evento principal estuvieron a cargo de las bandas Brandaríz y Karkamán. Los primeros son una joven banda que practica un hard rock de ciertos tintes alternativos, complementado por voces femeninas, que comenzaron hace poco y tuvieron las típicas cosas a mejorar de las agrupaciones que recién comienzan pero que demuestran un enorme potencial, con canciones que se alejan de los elementos más establecidos del género. Por otro lado, Karkamán es un grupo veterano que demuestra todo el poder de su rock pesado de alto octanaje, callejero y clásico en todos los aspectos, perfecto para quien quiera escuchar buenas canciones acompañado de una cerveza.




Poco después de las 22:05 y con más de veinte minutos de demora, comenzó un video en el fondo del escenario presentando a los músicos y con imágenes de libros, donde si uno prestaba atención podía ver reseñas y descripciones de Entre El Cielo Y El Infierno. Al final y sin mucha ceremonia de por medio, todos los músicos salieron al mismo tiempo al escenario, con la gente ovacionando su aparición, para dar tres golpes con “Herederos de la fe”,  “Obsesión” y “Máquina”, que demostraron lo ajustado que estaba el combo instrumental integrado por el guitarrista Sergio Berdichevsky, el tecladista Javier Retamozo y el baterista Gustavo Rowek, acompañados por el guitarrista José “Velocet” Giudice y el bajista Rubén Trombini. Pero desde el principio lo que más dudas generaría sería el estado de la garganta de Mario Ian, pero apenas comenzó el recital el vocalista demostró estar en perfecta condición, llegando a los agudos grabados dos décadas y media atrás sin problemas.

Lo que no estaba tan ajustado era el sonido de El Teatrito, específicamente con el micrófono de Ian: ya desde la primera canción el cantante señalaba el micrófono, que estaba entrecortando, y eventualmente lo cambió, pero en algún momento del recital decidieron subir el volumen de sus voces al punto tal de que saturara a niveles peligrosos para el oído. Por suerte, no fueron tantas las veces que ocurrió eso.



Para “Fantasma Azul”, Ian pidió un aplauso al tecladista durante la introducción de teclados de la canción, que tuvo a la gente coreando apenas empezaron los riffs, como con cada canción a lo largo del recital, demostrando el aprecio que se tiene por este álbum. Justo después de esta vino una sorpresa cuando la banda decidió tocar “Ángeles de Acero”, canción del álbum Guerrero del Arco Iris que sonó extremadamente pesada en las manos de esta formación.

“Patria” es una de las piezas centrales del álbum y lo mismo se dio a lo largo del recital, con su tono entre épico y solemne que se ve complementado con la interpretación del “Aurora” en el solo, que tuvo a la gente coreando la Canción a la Bandera en esa sección, dando lugar a uno de los momentos más geniales de la noche. Luego de hacer una broma con la intro de “All Guns Blazing” de Judas Priest, la banda siguió con “Agord, La Bruja”, canción del EP El Libro Oculto que sonó tan bien como el resto de las canciones del recital.




Luego de que Ian recordara la sala de ensayo con piso de tierra que tenía Rata Blanca por esa época, el grupo da comienzo a “Basura”, que demostró que casi todos los problemas de sonido se habían arreglado, permitiendo rockear la canción de la manera que se merece, que siguió con una intro de teclados que dio paso a “Asesinos”.

El gran momento de la noche se dio con la época “Jerusalén”, la otra gran pieza central de Entre El Cielo Y El Infierno, que no sólo tiene a Ian dibujando melodías orientales con su voz sino también la espectacular participación detrás de la batería de Rowek, siendo una canción con constante doble bombo y que sirve como la parte más destacada a lo largo de la canción, al mismo estilo que “Seasons in the Abyss” de Slayer.



Recordando al bajista Guillermo Sánchez, fue el comienzo de la balada pesada “Sin Tu Amor Nada Existe”, que al igual que el resto tuvo a la gente coreando cada palabra, seguida del medio tiempo “Sombra Inerte del Amor”, una de las canciones más desgarradoras acerca del drama del SIDA que se hayan hecho, sobre todo en la época en la que se compuso.

Al finalizar, alguien de la producción se acercó a Ian, y el cantante dijo a la gente que debían sacar un tema de la lista, algo que fue recibido como cualquiera esperaría por parte del público, pero el hecho de que comenzaran con el clásico “En El Bajo Flores” justo después hizo que se calmaran los ánimos, mientras de fondo pasaban un video con imágenes de la noticias policiales del barrio que terminó por complementar la atmósfera.




La banda se retiró del escenario y el telón se cerró un poco, para así enfocarse en un video que dio un repaso de la vida del bajista Guillermo Sánchez, mostrando entrevistas, tomas en vivo y ensayos, como el momento en que tocaba el riff de “Black Dog” de Led Zeppelin, en el que fue uno de los momentos más emocionales de la noche, que se cerró con la banda volviendo al escenario para “Bajo Control”, que cerró con broche de oro la noche mientras el público saltaba y cantaba, ya con varios dejando las remeras de lado por el calor que se sentía en el lugar.

En esta época de tanta nostalgia, es refrescante que hayamos visto un espectáculo nacional que de verdad lograra hacerle tributo a lo que se estaba recordando, como bien mostraron los comentarios de la gente luego del recital. Una banda ajustadísima y una lista de canciones espectacular dieron lugar a uno de los grandes recitales nacionales del año por lejos. Si se deciden hacer más presentaciones recordando a Entre El Cielo Y El Infierno, aprovéchenlas desde ya porque es un espectáculo que de verdad es para ver y sentir.


Crónica: Martín Cirillo
Fotos: Yess Augier (Revista Speach)
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