Seis años y medio casi exactos tuvieron que pasar para que Stratovarius, una de las bandas más importantes de la escena Power Metal mundial, pisara suelo nacional nuevamente, luego de un fallido paso en el 2015, como parte del frustrado Rockland Festival. Por lo mismo, esta noche tuvo un sabor especial para los más de 4 mil fanáticos apostados en el legendario Teatro Caupolicán. Cómo habrá sido la ansiedad, que pasaron de tocar en el Teatro Teletón el 2011, Blondie el 2013, y ahora pasaron en capacidad a ambos recintos juntos.

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Sin teloneros, sin mucha previa, a las 20:35 se apagan las luces para recibir a los finlandeses con un himno de la década pasada: 'Eagleheart', donde no pasaron ni cinco segundos para tener a todo el público en sus manos, por más que Timo Kotipelto en un principio no se escuchara bien para las primeras filas. A pesar de esto, en líneas generales, el sonido fue potente y con una claridad destacable en todos los ámbitos. 

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El setlist fue muy balanceado, tocando clásicos del tamaño de 'Visions (Southern Cross)' y 'Forever' como también temas nuevos, tal es el caso de 'Shine in The Dark' y 'Oblivion', esta última de su más reciente trabajo: ''Enigma: Intermission II''. Ambas, siendo las más nuevas, tuvieron mucha aceptación de parte del respetable, y eso es lo más bonito de esta banda: sacar canciones tan pegajosas que todos sus fanáticos se las saben y esperan que las toquen siempre. Es verdad, faltaron 'Speed of Light', 'Infinity', 'Deep Unknown' o 'Destiny', pero está más que claro que cada persona que llegó al Caupolicán, se fue con una sonrisa.

Con un semitono más abajo, como todas las canciones de la velada, Matias Kupiainen presenta, tras un breve solo de guitarra, una de las joyitas de la velada: '4000 Rainy Nights', de su álbum ''Destiny''. Es lindo ver a un Teatro completo coreando una canción que, si bien no es de las más conocidas, es quizás una de las más acertadas en cuanto a lírica y musicalmente hablando. Una gran interpretación de Timo, quien a decir verdad, no se vio muy exigido en ninguna canción y es bueno ver que luego de incluso tener que haberse operado hace 8 años de sus cuerdas vocales, sigue deleitándonos con su tremenda voz. 

Si hablamos de clásicos, Strato es una máquina de ellos. Puesto que si tocas 'SOS', 'The Kiss of
Judas', 'Paradise' (que NO fue interpretada en el resto de la gira) y la asombrosa respuesta que tuvo 'Unbreakable' de su disco ''Nemesis'', no se puede esperar menos que un fervor de casi cinco mil almas, saltando (para demostrar que no eran carabineros) de la emoción durante cada canción ejecutada. Y ahí, aparte, dejamos a 'Black Diamond'. Un tema dedicado millones de veces en todo el mundo que tuvo a parejas de la mano, mujeres y hombres llorando, otros casi rompiendo sus poleras mientras la coreaban a todo pulmón, tras un solo bastante aplicado del carismático Jens Johansson. El saberse esta canción es casi un deber de cualquier fan del Power Metal en general y, es posible, que muchos dentro del querido recinto de San Diego, se hayan iniciado con esta banda gracias a esa maravillosa intro en teclado del tremendo instrumentista (y destructor de inodoros) sueco.

En poco más de 90 minutos, Stratovarius entrega un show digno de recordar por varios años más, cerrado de gran manera con 'Hunting High and Low' y el típico juego de ''sean más ruidosos que el país de al lado'', que siempre funciona. Timo, Lauri, Rolf, Matias y Jens se despiden de un público chileno que queda satisfecho quizás con poco, con un libreto aprendido, pero respondiendo con una algarabía total. Porque es cierto, ya no tocan a la velocidad de la luz ni juegan con fuego, pero siguen haciéndonos llegar a lo más profundo y desconocido, nos acompañan con su música en nuestras horas más oscuras y nos vuelven inquebrantables, porque por más que pasen un millón de años luz lejos de nosotros y que hayan pasado por una temporada de cambios, el destino convierte a Stratovarius en una banda que genera himnos para el mundo que durarán por siempre, hasta el infinito. 

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Samuel Víctor Acevedo

Agradecimientos a Lucy Cáceres







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