Si bien es innegable que el alma del metal argentino le pertenece a los riffs machacados del thrash, también lo es del power metal tiene un lugar importante en la escena nacional, en especial con la explosión que tuvo la modalidad más melódica y europea del género en los noventas. Y junto a Rhapsody (Of Fire) y Nightwish, la otra banda responsable de ello es sin duda alguna Stratovarius, quienes lograron hacerse un lugar como pocos entre las audiencias latinoamericanas, como bien prueban sus innumerables visitas a la región.

Con un compilado asombrosamente bien recibido como es Enigma: Intermission II bajo el brazo, la banda finlandesa se presentaba el miércoles 20 de noviembre en el Teatro Flores, en una Buenos Aires que durante la mayor parte del día ardió bajo una máxima de 35 grados y un sol que golpeaba contra el asfalto como el fuego de un dragón en cualquier canción de power metal. Para las 19.30 el sol ya se estaba ocultando y los alrededores del recinto ya no se sentían como estar parado constantemente al lado de un auto con el motor prendido y el capot abierto, pero eso tampoco significaba que no hubiera una enormidad de gente yendo a comprar alguna bebida al bar del Teatro apenas entraban. Y si los locales la estaban pasando mal, uno tendría que imaginarse a los finlandeses, cuando en ese mismo momento en la capital Helsinki hacía una máxima de 7 grados.



A las 19.50, en perfecto horario y con el campo a medio llenar, los telones del Teatro se abrieron para iniciar la presentación de los teloneros Beto Vazquez Infinity. La propuesta de BVI es ciertamente ambiciosa, con canciones de sentimiento épico, con teclados y variedades de voces y la idea de elevar al sonido de power metal a nuevas alturas y dimensiones. Con eso en mente, es lamentable tener que decir que el sonido no acompañó en ningún momento a la banda. Siempre saturado y confuso, siempre con algún instrumento sonando más alto o más bajo de lo que debería pero con las voces siempre tapadas por el resto, los 35 minutos del set de BVI estuvieron muy lejos de ser la mejor representación de su obra, e incluso los videos que se pueden encontrar en Youtube no dan fe de lo malo que fue el sonido. Claramente la propuesta del grupo no está para el sonido ni el espacio arriba del escenario que se les suele dar a las bandas teloneras. Pero para cerrando con una nota positiva, al final tuvimos una gran versión de "Carry On" de los brasileños Angra, un sentido tributo a la memoria de André Matos.



Apenas tuvimos que esperar poco más de media hora para que los telones rojos del Teatro volvieran a abrirse. Ahora con el escenario adornado con el logo de Stratovarius en el fondo y en sendos carteles a los lados de la batería, comenzó a sonar una intro que, a media que fue avanzando, fue dando la bienvenida al escenario al baterista Rolf Pilve, al bajista Lauri Porra, al guitarrista Matias Kupiainen y al tecladista Jens Johansson, que dieron comienzo a "Eagleheart", con Timo Kotipelto entrando justo para el primer verso. Obviamente ya el sonido era mucho mejor que el de los teloneros, pero el bombo de la batería sonaba con fuerte que era fácil que terminara tapando al resto, y esto siguió con "Phoenix", que comenzó casi directamente pegada a la primera. De cualquier manera, hay que señalar que en ningún momento el público dejó de corear cada riff ni cantar cada letra de las canciones. En ciertas situaciones, los detalles en el sonido son eso: detalles.



Los saludos de etiqueta de Timo, que durante todo el recital revalidó sus credenciales como unos de los frontmen más efectivos del power metal, para el público fueron seguidos por ovaciones, para luego dar paso a la nueva "Oblivion" y a la no tan nueva "Shine In The Dark". Siendo que en un momento Matias Kupiainen dijo que componer para Stratovarius es como tener que reinventar la rueda una y otra vez, diría que es admirable que la banda logre seguir haciendo canciones que emocionen a la gente, siendo que ninguna de estas dos últimas suena descolgada al lado de un clásico como "SOS", que sonó justo después.




Después de la nueva "Enigma", comenzó la sección de solos en el recital, arrancando con Matias demostrando todos sus yeites y escalas neoclásicas durante poco más de un minuto para luego dar paso a "4000 Rainy Nights". Después siguió Lauri Porra, demostrando todo su abanico de técnicas con las cinco cuerdas de su bajo y logrando que sea algo más que un buen momento para revisar el celular al meter las melodías de "Por Una Cabeza" de Carlos Gardel y el himno argentino, siendo ovacionado por la gente. Esto no significa que el momento en que la banda volviera para "Visions (Southern Cross)" no fuera un alivio.



El tecladista Jens Johansson tuvo su momento de mostrar sus habilidades con las teclas. Podría copiar y pegar lo que dije acerca de los solos anteriores y no cambiara casi nada, pero es para señalar que los el momento en que Johansoon paso al sonido de clave fue uno de los grandes momentos de la noche, siendo que poco a poco fue progresando su solo hasta desembocar en la intro de "Black Diamond", con el que todo el público comenzó a saltar y corear cada detalle de ese clásico absoluto del power europeo. Con un corto solo de batería al final, Stratovarius se retiran del escenario, aunque obviamente no de manera definitiva.

Para los bises, los finlandeses tenían guardado un puñado grande de clásicos, comenzando por la balada "Forever" y siguiendo con el himno "The Kiss of Judas". Balanceando con la más nueva "Unbreakable", dieron fin a su presentación con "Hunting High and Low", que se extendió con Timo jugando a que la gente cantara la canción y a compararlos con las audiencias de otros países, y así si dando punto final al recital, con las ovaciones y reverencias que se esperan.




Esta decimosexta presentación de Stratovarius en Argentina bien puede haber sido un buen ejemplo del gran manual de los recitales del metal, con todos sus clichés pero también con sus elementos más efectivos. Aunque uno pueda asegurar que no le cambió la vida a nadie, también hay que decir que decir que esos noventa minutos estuvieron llenos de grandes momentos para cualquier fan de la banda.

Crónica: Martín Cirillo
Fotos: Juanjo Diamond
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