Mientras que en los Estados Unidos, el mercado más grande para el género, el metalcore viene de capa caída y su mayor momento de popularidad quedó hace rato en el pasado, Latinoamérica, por otro lado, sigue siendo terreno fértil para ese sonido, y sólo en 2019 Suicide Silence, Bring Me The Horizon y As I Lay Dying pasaron por el aeropuerto de Ezeiza, y Killswitch Engage se van a sumar en diciembre próximo.

Y el 26 de noviembre se sumaron Bullet For My Valentine. La banda de la ciudad de Bridgend viene presentando su sexto álbum Gravity, y viene reafirmando su lugar como una de las bandas más exitosas de la historia de Gales, al nivel de Manic Street Preachers y Budgie. E incluso si nunca serán aceptados por el metalero promedio, la edad promedio de los fans que estaban llenando el campo del Teatro Flores a las 19.30 (mínimo una década menos de lo que suele ver en los recitales pesados en Argentina) demuestra la influencia de este tipo de bandas en la entrada al mundo de la música pesada, junto con otras bandas como Slipknot, Avenged Sevenfold y Linkin Park, grupos de los que se podían ver gran cantidad de remeras por todos lados. 



A las 19:35, y con un escenario que tenía de fondo las alas enormes de la tapa de Gravity, salieron los primeros teloneros: Desvan. Este cuarteto de Buenos Aires practica un metalcore que se apoya mucho en los riffs pesados y los breakdowns, además de meterle mucho groove panteroso a las canciones. Comenzando con “Nómada” y siguiendo con “Mi Sangre En Tus Manos”, con un sonido que poco a poco fue acomodándose durante la presentación. Cerrando con las nuevas “Cicatrices” e “Inexistencia”, Desvan dieron una set corto pero directo a la mandíbula. A no perderles el rastro, porque saben lo que hacen. 

Veinte minutos después fueron los chicos de Helleluyah los que salieron al escenario. El inicio con “Lo que sembraste” no se dio de la mejor manera, únicamente porque el micrófono del cantante no funcionaba y todo sonaba como una versión instrumental extraña (una de tantos fallos técnicos que suele haber en el Teatro Flores), pero ya para “La Venganza Será Terrible Parte 1” las cosas comenzaron a mejorar. El resto se dio sin mayores sobresaltos, pudiendo disfrutar de la presentación del quinteto y su particular estilo: aunque el nombre de la banda recuerde al de una canción de los polacos Vader, la música de este quinteto es mucho más accesible de lo que si nombre podría llegar a implicar, siendo un metalcore con una fuerte dosis de post-hardcore que no le hace asco a las voces limpias e incluso a algunos sonidos electrónicos programados. 



Esta presentación también sirvió como una despedida para el grupo, siendo que después de un periodo largo de inactividad de ahora en más pasarán a ser Sepia, seguramente una referencia a su álbum Sephia. Tal vez no sea tan distintivo como su nombre original, pero desde ya se le desea la mejor de las suertes bajo este nuevo nombre, porque el grupo tiene talento para componer buenas melodías.

A las 21:15 y con un Teatro Flores casi lleno, comenzó a sonar la intro de teclados símil iglesia de “Don’t Need You”, e incluso antes que alguno de los miembros de la banda ya el público estaba coreando la letra de la canción, por lo que no hace falta mucha imaginación para pensar en como se pusieron los fans apenas comenzó la canción: todo el campo saltando la gente intentando conservar sus celulares en medio del caos que se estaba dando frente al escenario. Esto se incrementó cuando la banda le pegó el clásico “Scream Aim Fire”, que hizo de las delicias tanto de los fans como de aquellos que extrañan el material más furioso de BFMV, en especial cuando el cantante Matthew Tuck contó hasta cuatro justo antes del último breakdown.



Al finalizar, el escenario quedó completamente a oscuras por un par de segundos, hasta que las luces comenzaron a titilar al ritmo de la batería, marcando el inicio de “Your Betrayal” cuando la banda volvió a salir, con toda la gente cantando cada letra y coreando cada riff. Seguida por la menos celebrada “Piece of Me”, BFMV se sacaron otros dos clásicos de la galera con “4 Words (To Choke Upon)”, que siempre demuestra no sólo el poder de la voz limpia de Matthew Tuck sino también la habilidad en la batería del “nuevo” Jason Bowld, y "You Want a Battle? (Here's a War)", que tuvo a todo el público cantando.

Tuck se dirigió a la audiencia al final de la canción, tratando de abrirse paso entre la acústica del lugar y el acento galés americanizado que viene perfeccionando desde los inicios mismos de la banda, agradeciendo a toda la gente y adelantando que la siguiente canción había sido hecha con la idea de jugar con las luces del escenario, justo antes de dar comienzo a “Over It”, otra de su último álbum, que más tarde siguieron con “Venom”.



“Suffocating Under Words of Sorrow (What Can I Do)”, además de tener un título suficientemente largo como ser el nombre de una banda de metalcore, es también otro clásico de los galeses, teniendo varios de los riffs más pesados de la banda, y recibida como uno se esperaría por parte de la gente, para luego pasar a un solo de batería. Como dije antes, Jason Bowld es un baterista extremadamente talentoso y lo demuestra tanto en las canciones nuevas como las viejas de BFMV, pero no creo que necesite de un solo de batería como para demostrarlo, así que esta parte del recital termina siendo más un momento para revisar el celular y acomodarse lo que se haya desacomodado en el pogo de las canciones anteriores, aunque los juegos de luces le agregaron cierto ingrediente que no fue suficiente para que el momento en que la banda volviera con “The Last Fight” no se sintiera como un alivio.



“No Way Out” fue otro gran momento para el pogo, luego del cual la banda se retiró unos minutos del escenario. Para los bises siguieron el clásico “Tears Don’t Fall”, que recibió ovaciones apenas comenzó a sonar el riff inicial y “Worthless”. “Hand of Blood” fue pedida por todo el público, al igual que había pasado en la presentación de BFMV en Brasil dos días antes, y cerraron con broche de oro la noche con el ultra clásico “Waking The Demon”, que terminó con la gente gastando las pocas energías que les quedaban en un pogo brutal. Con las típicas fotos con el público y el reparto de púas, se cerró de manera definitiva la cuarta visita de los galeses.

Más allá de lo que piense uno de los últimos álbumes de la banda (más que nada los que se sientan decepcionados por la “imaginedragonización” de sus estribillos), es innegable que BFMV tienen talento para dar una presentación en vivo, e incluso las canciones recuperan bastante de la fuerza que pierden en estudio. Una gran presentación por parte de los galeses, una donde nadie se fue con hambre de más.

Crónica: Martín Cirillo
Fotos: Melissa Schökölade


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