Desde hace ya 35 años, acá en Chile se nombraba a un compatriota que estaba rompiendo todo el paradigma del thrash metal mundial. Su nombre, Tomás Enrique Araya Díaz, viñamarino de nacimiento y, por más que desde un momento hablara poco español (entendible por haberse ido a Estados Unidos con su familia a los 5 años), siempre se consideró un héroe para muchos de los que adoramos su música y legado desde hace tanto tiempo. Es por eso que se hace complicada la tarea de ser objetivo en esta tribuna para casos como este. Ya vimos la despedida de Black Sabbath hace casi tres años en el Estadio Nacional y ahora fue el tiempo de Slayer, banda que según muchos, jamás ha dado un concierto malo. Y acompañados de Anthrax, como si no fuese suficiente.

Muchísimas personas se reunieron en el Sporting de Valparaíso, con banderas, camisetas
del equipo local (Everton de Viña) desde temprano para ver todos juntos a Anthrax, banda que hacía su octava presentación en el país y la primera fuera de Santiago, con el quinteto haciendo su trabajo como de costumbre. El show inició con una alarma que dio paso a 'Cowboys From Hell', homenaje a la banda Pantera y, por supuesto, a los ya fallecidos Dimebag Darrell y Vinnie Paul, ambos miembros de la extinta banda de Groove Metal. Tocada la intro se vino 'Caught in A Mosh', que posiblemente no tuvo la misma reacción que en Santiago Gets Louder pero la alegría y efusividad de la gente, era la misma. 

El setlist de la banda neoyorquina fue un poco más corto que el de su presentación en el Estadio Bicentenario de La Florida, aunque eso no quitó que clásicos de la talla de 'I Am The Law', 'N.F.L.' y 'A.I.R.' se dieran cita en un recinto que levantaba polvo con el viento y los moshpits que se armaban en la soleada tarde viñamarina. Scott Ian fue el más comunicativo de la jornada (más que Tom Araya cuando tocó Slayer) diciendo que estaban muy emocionados de poder tocar en la ciudad jardín. Al mismo tiempo, bromeó diciendo que, por esta jornada, todos éramos primos de Tom. Cerrando su presentación con 'Indians', generando el War Dance que ya es habitual por estos lados, Anthrax se despide del escenario nacional prometiendo volver. Esperemos no sean sólo palabras de buena crianza, porque ya está previsto que la banda entre a grabar su próximo álbum de estudio pronto y eso, quizás, los traiga de vuelta más temprano que tarde.

 

 20:30 en Chile continental y se da paso a lo que fue el último concierto del tramo latinoamericano del combo más potente en lo que respecta al Thrash Metal: Slayer. Podríamos parar de escribir aquí y estaríamos listos, porque ya al leer ''Slayer'', se sabe que el espectáculo es buenísimo. Pero no, hay que ser justos también. El setlist ya es aprendido, son las mismas canciones en cada concierto, acá lo que cambia, es la emoción y la sonrisa con que Araya se ve tocando estas canciones por una última vez para sus compatriotas, en las tierras que lo vieron nacer. 'Evil Has No Boundaries' seguida de 'World Painted Blood' son un claro ejemplo de que se puede mezclar música nueva y antigua y que ambas funcionen de la misma manera. Para los que se repitieron el plato entre domingo y martes, es posible que este show lo hayan encontrado incluso más potente y es verdad, el sonido apabullante y una claridad sorprendente para un show de Metal fue lo que se vivió en el Sporting de principio a fin.


Pasando por toda su carrera en un setlist bastante equilibrado (aunque no tocasen nada del tremendo ''Christ Illusion), el cuarteto entregó un concierto digno de enmarcar y guardarse para toda la eternidad con temas como 'Gemini', 'War Ensemble', 'Payback' y hasta 'Temptation', cada una celebrada de gran forma por los más de 10 mil asistentes a una jornada histórica. El problema aquí (que si bien tampoco es uno grande), es que el concierto se fue demasiado rápido. Nadie se dio cuenta cuando luego de 'Hell Awaits', ya se venían una batahola de clásicos, como 'South of Heaven', 'Raining Blood', 'Black Magic' y la todopoderosa 'Angel of Death', dando cierre a una brillante presentación que dejó a todos cansadísimos en la cancha, que tuvo hasta un par de bengalas por ahí. Tomás Enrique Araya Díaz se despedía con un dejo de emoción que tuvo a varios fanáticos al borde de las lágrimas en su tierra natal, un reflejo de lo que significa para muchos que un chileno llevara la bandera del Metal donde fuera, con su '¡Viva Chile Mierda!' en el DVD del Big 4 con la camiseta de la Selección Nacional puesta, con su poco español, con el orgullo que siente cada vez que le nombran su país. Eso es Slayer, que se acaba, pero su música trascenderá por la eternidad, hasta que llueva sangre, hasta que venga el ángel de la muerte, hasta que existan tormentas de carne viva, máscaras de piel muerta y, nos demos cuenta que desde el sur del cielo mundo, llegó un chileno a contarnos las más terroríficas historias que por más de 3 décadas dieron gritos silentes de suicidio mandatorio a todos sus discípulos a través de la muerte que el mismo Dios mandó a la tierra, uniendo al planeta del Metal en un lazo sanguíneo imborrable, que perdurará hasta que el cielo deje de ponerse rojo y el infierno nos espere. Larga vida a Slayer, para siempre.

Crónica por Pablo Elías Acevedo
Fotos por Samuel Víctor Acevedo











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