En una agenda repletísima de conciertos, parece que ningún bolsillo fuese a aguantar este vendaval. Sin embargo, en el lapso de 3 días, se han hecho 3 conciertos, dos de ellos para más de 15 mil y justamente estos últimos fueron los que colgaron el letrero de 'Sold Out' en sus boleterías. Primero todo el metal de SGL y ahora, el turno de Whitesnake y Scorpions, dos bandas archi conocidas por el público local que, a la hora de presentarse en vivo, jamás decepcionan. 

El caso de Whitesnake es especial, siempre vienen acompañando a alguien y terminan robándose la película siempre. Con una metralla de clásicos y un David Coverdale que complementa su notoriamente gastada voz con un desplante escénico envidiable, la banda gira su show en torno a hits como 'Slide It In', 'Here I Go Again' y, por supuesto, la balada 'Is This Love' en la que más de alguno se puso a llorar entre el público. Hay que mencionar también que la cancha, llenísima, se dedicó más a disfrutar (y grabar) que a saltar o cantar todas las canciones y es algo que, en un caso como el de este concierto, se agradece, porque el sonido era digno de escuchar con cada detalle: ninguna falla, volumen potente pero correcto y cada instrumento sonando como corresponde. 

El show, que se pasó volando, cerró con 'Still of The Night' y el clásico de Deep Purple 'Burn' que sorprendió a varios que nunca habían visto a la Serpiente Blanca en vivo, pero que, obviamente, es parte del setlist dado que Coverdale cantaba en esa formación de la mítica banda inglesa. 

Con un pequeño atraso, comienza a sonar el terror teutón del Rock, Scorpions, con una carrera que ya lleva medio siglo y siguen sonando como el día uno, aunque con algunos tonos más abajo. 'Going out With A Bang' es el primer disparo desatando euforia en más de 15 mil personas que repletaron el Movistar Arena, dando paso a 'Make it Real', donde en las pantallas gigantes (muy bien utilizadas durante todo el concierto), se desplegó una bandera chilena con las siluetas de la banda que hizo aplaudir a todo el respetable. Luego, vino 'The Zoo' con un Klaus Meine regalando muchísimas baquetas al los fanáticos que tuvieron el privilegio de estar más cerca del escenario. Con algunos escuetos 'muchas gracias' en español y el resto de su discurso en inglés, los escorpiones siguieron dando cátedra de Hard Rock con un sonido buenísimo, sin algún ápice de falla y eso es de lo más destacable: de pasar de ser un país que era reconocido por los Red Hot Chili Peppers como ''un país donde el sonido no para de rebotar'' hasta encontrar conciertos redondos como los de esta jornada, es para ponerse orgulloso de la calidad que ha adquirido la producción de conciertos en Chile. 

Canciones de los 70, una tarima elevándose para el solo de Mikkey Dee en la batería, una Flying V acústica de Rudolf Schenker en 'Send Me An Angel' y una emocionante versión de 'Wind of Change', pasaron tan rápido para las miles de almas reunidas escuchando una nueva última vez a Scorpions, que por más que se venga despidiendo hace 9 años, siguen dictando cátedra. Es verdad, quizás ya no dan los conciertos de 3 horas a los que nos tenían acostumbrados, pero cuando comienzan 'Still Loving You' y 'Rock You Like a Hurricane' todo eso se olvida, con un Arena temblando de tantos saltos, sobretodo en la última canción de la noche. Una banda consolidada en un espectáculo de casi 100 minutos que dejó a todo el mundo satisfecho, con un marcadísimo 'hasta pronto' que ni siquiera molesta, porque ver a Scorpions, es el mejor ejemplo de que el Rock 'n' Roll no morirá jamás. 

Crónica por Samuel Víctor Acevedo
Fotos por Pedro Ateaga 

















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