El viernes 4 de octubre las nubes grises se acumulaban amenazantes sobre la ciudad de Buenos Aires, presagiando lo que más a la tarde sería una densa llovizna sobre los edificios porteños. Aunque no fue tan malo como si lo hubiera sido una lluvia hecha y derecha, los alrededores del coqueto Club Hípico Argentino se podían ver con grandes charcos en varios lados, algo ciertamente incómodo para todos aquellos que se encontraban acercándose al predio para la presentación de Whitesnake junto a Europe, toda una ocasión para el fan argentino del rock ochentoso. Sin embargo, eso se limitó a los exteriores, porque el escenario del lugar se encuentra en el sector techado. Con vallas a ambos lados separando las gradas y el odiado “campo VIP”, la presentación ya estaba para comenzar.

El primer golpe de la noche se dio a cargo de Watchmen, que revalidaron su posición como una de bandas más profesionales del hard rock y el metal argentino. Presentando su nuevo álbum Blackout, la banda de Buenos Aires demostró tener un sonido y unos riffs dignos de exportación que no tienen nada para envidiarles a los grupos internacionales de primera línea, por lo que es una lástima que la organización del evento no haya estado a su altura, con la gente de seguridad abriendo puertas recién cinco minutos antes que el quinteto saliera a tocar. ¿Cómo pueden ser tan exactos con los horarios en algunas cosas y tan descuidados con otras cosas? Vaya uno a saber, pero espero que se haga justicia y que Watchmen lleguen bien alto.

Luego de la espera necesaria entre sets y con un escenario a oscuras, una intro de corte opulento dio paso al finalizar a la entrada de la gente de Europe al escenario, que comenzó su presentación con una entrega doble de canciones de su último álbum Walk This Earth, con el tema título primero y “The Siege” después. En contraste con sus éxitos ochentosos, en estos días la banda de Joey Tempest y John Norum le imprime una fuerte influencia de Deep Purple a su música, en especial con ese sonido de teclado tan Jon Lord que utiliza el tecladista Mic Michaeli, y con la guitarra de Norum riffeando con muy buen gusto. Hasta uno se podría imaginar a una canción como “Walk This Earth” cantada por Ronnie James Dio. Pero cuando Joey Tempest saluda con su español de manual rockero y da paso a “Rock the Night”, uno de aquellos hits ochentosos, la canción suena bastante más pesada que hace poco más de tres décadas, más que nada porque la garganta del vocalista demuestra un paso del tiempo importante pero sin sacarle nada de potencia, pero también porque Europe parecen estar en una batalla constante con la imagen que las calzas y el spray dejaron en el inconsciente colectivo acerca de ellos.

“Scream of Anger” es un viaje hasta el segundo disco de la banda, con una canción que no hubiera sonado para nada fuera de lugar en el catálogo de algún grupo de la nueva ola del metal británico, no por nada los deathmetaleros Arch Enemy hicieron un cover de esta en su momento. Al final y con el escenario a oscuras de vuelta, otra intro dio comienzo a “Last Look of Eden”, con sus teclados extremadamente dramáticos. Las dos siguientes fueron otro doblete ochentoso, “Sign of the Times” y su larga introducción de teclados y estribillo extremadamente ganchero acompañado por más agradecimientos en español, y “Ready or Not”, con Tempest en la guitarra y con un inicio bastante diferente al grabado en los ochentas, con cierto sentimiento bluesero.



Volviendo a los últimos álbumes, la oscura “War of Kings” dio inicio con ese efecto de sonido cual bocina de barco, seguida por la pegadiza “Hole in my Pocket”. Ambas fueron aplaudidas como se merece, pero esto no fue nada comparado con lo que el público sintió con las primeras notas de “Carrie”, aquella balada bien melosa y ochentosa a la que muchos treintañeros deben su existencia en este mundo. Con celulares por todos lados (la versión moderna de los encendedores), Tempest dejó que el público cantara el segundo estribillo de la canción, algo que el público hizo sin problemas. Luego de completar ese primer trámite, los suecos volvieron a su material más moderno con la extremadamente bluesera “Nothin’ to Ya”, para luego rematar con la gran “Superstitious”, con ese arreglo de teclados en el medio que parecieron querer recrear lo hecho en el hit más grande de la banda cuando salió en 1988. En el medio, Tempest decidió intentar de nuevo con el español, tirando un “boludo” de por medio como para conectar con el público local.

Para el momento de los bises, Europe se reservaron dos cañonazos directos a la nostalgia. La primera fue “Cherokee”, esa especie de reversión glam de “Run To The Hills” de Iron Maiden (al menos en que ambas son canciones de los ochentas sobre el maltrato a los nativos americanos) que resulta ser extrañamente efectiva, y el final ultra cantado con “The Final Countdown”, aquel éxito que al día de hoy sigue a la banda como un fantasma pero que no pueden negarse a darle a su público, que saltó al ritmo de esos teclados con sonido de trompeta como si volviera a ser 1987 de vuelta. Y con eso Europe se retiraron, con más agradecimientos en spanglish de por medio y dejando a la gente para ver a Whitesnake.

Durante la media hora de espera, la gente se dirigió a los puestos de comida en la parte de atrás, donde casi todo estaba en las tres cifras y varios se quejaron cuando las bebidas estaban $10 más caras de lo que decía el cartel. De fondo sonaba una selección de música bastante variada, pero fue el comienzo de “My Generation” de The Who marcó que Whitesnake estaba a punto de comenzar, algo que ocurrió exactamente a las 21:30, saliendo al escenario con “Bad Boys”, demostrando que David Coverdale (con su camisa con la bandera argentina) y compañía no tienen miedo de apelar a la nostalgia desde el inicio mismo, algo que refuerzan con las siguientes “Slide It In” y “Love Ain’t No Stranger”, esta última con el público cantando de principio a fin.

La pesada “Hey You (You Make Me Rock)” fue la primera del último álbum Flesh & Blood, con un Coverdale que sonaba en perfecta forma, a la que siguieron con la bluesera “Slow An’ Easy” y con el clásico cover “Ain't No Love in the Heart of the City”, que el grupo había dejado afuera de sus últimas presentaciones y que acá volvió con toda su onda a blues. Siguieron con la hardrockera “Trouble Is Your Middle Name”, que dio paso a la primera pausa de la noche para un duelo de guitarras entre Reb Beach y Joel Hoekstra, con cada uno demostrando sus habilidades con las seis cuerdas con una variedad de solos, y también siendo una buena oportunidad para chequear el celular, como le pareció a muchos. Discúlpenme los lectores guitarristas, pero estos duelos de guitarra me parecen un tanto aburridos cuando están fuera del contexto de una canción, y al principio fue un alivio personal que la banda pasara a “Shut Up & Kiss Me”, otra del nuevo álbum, pero lo que siguió fue otro solo, en este caso del baterista Tommy Aldridge.



Los solos de batería, con pocas excepciones, también suelen ser bastante aburridos, pero ver a Aldridge teniendo semejante energía a los 69 años, en especial cuando deja de lado los palillos y directamente toca la batería con la palma de las manos, tiene cierto encanto, pero al igual que el anterior es un alivio cuando la banda vuelve a las canciones, en este caso para la mega balada “Is This Love”, que tuvo a todo el estadio cantando, rematada con otro clásico de su álbum de 1987 con “Give Me All Your Love” y el todavía más clásico “Here I Go Again”, todavía más cantada por el público.

Ya para el final Whitesnake quemaron sus últimos cartuchos, con la espectacular “Still of the Night” como último hit de los ochentas y con una coda bastante extendida, y ya sí cerrando su presentación con el cover de “Burn” de Deep Purple, como para que Coverdale le recuerde a la gente que él le dio voz en su momento a algunas de las mejores canciones de la banda británica.

El final se dio con los típicos agradecimientos, las fotos con el público y con “We Wish You Well” sonando de fondo, que con el público retirándose dio paso a “Always Look on the Bright Side of Life” de los Monty Python, como para demostrar que el espíritu británico nunca se pierde.

¿Qué más queda para decir? Ciertamente las presentaciones de ambas bandas apelan más que nada a la nostalgia del público, con una selección de canciones más que nada apoyada en aquellos álbumes de la época dorada del spray y las calzas. Pero también se puede interpretar como dos maneras de acercarse a esta nostalgia, con Europe tratando de alejarse de aquel sonido y adaptando sus canciones a su nuevo sonido, y con Whitesnake sintiéndose mucho más cómodos con aquellos hits sin necesariamente sentirse prisioneros de ellos. De cualquier manera, ambas presentaciones fueron superlativas, al igual que la de Watchmen, e incluso en estos momentos de dificultades económicas espero que se pueda repetir algo así.

Crónica: Martín Cirillo
Foto: Sancho Zho


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