Foto: Pedro Ateaga / El cuartel del Metal


A eso de las 13:00 horas el ambiente afuera del Estadio Bicentenario era de una tranquilidad nerviosa, ansiosa por lo que se venía mientras todos entrabamos. Gente de todas las edades, adultos, jóvenes, niños, padres e hijos repletaron el Bicentenario, no podía faltar nadie al que sería el último Show de Slayer en tierra Santiaguina, y más que un festival, fue una reunión en las que muchos nos reencontramos con caras conocidas, en la que los amigos fueron más amigos que ayer, en el que las personas se unieron por un sólo motivo: El Thrash Metal.

Foto: Pedro Ateaga / El cuartel del Metal
Mientras el estadio comenzaba a llenarse, a las 15:00 en punto, se escuchaba la intro de Fatal Predictions. Pentragram hacía su entrada triunfal ante un público entregado a la maldad y la locura mientras el estadio se llenaba. Un sonido atronador y duro, digno de la banda que sería pionera del Metal en Chile durante los 80' calentaba a todo un recinto preparándolo para una tarde demoledtodoouego vino The Malefice, con un riff que terminó creando un vórtice fatal de gente mosheando, jovenes, viejos, todo un conglomerado de amantes del más puro metal dándolo todo sin siquiera pensarlo, sólo lo hacían, sólo lo vivieron y el cansancio no importó, ni el calor, ni el sol. 

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La destrucción continuó con Horror Vacui para seguir con un clásico de Pentagram:
Profaner. Curioso es que profaner ni siquiera existe en el diccionario inglés, pero qué importa eso en esta volada, el pit se intensificó y las baterías demoledoras de Juan Pablo marcaban el ritmo del ritual satánico. Evil Incarnate se hizo presente con su intro de Batería, una canción que ha recorrido el tiempo sin ser menos, y escucharla en vivo es toda una locura. Un pequeño tributo a Juan Pablo Uribe, quien fuera bajista y fundador de la Banda fallecido en 1990 dio paso a La Fiura, Temple of perdition, demented y un clásico indiscutido, Spell of the Pentagram, hizo vitorear esas voces guturales, para finalmente acabar con Demoniac Possession, que cerraría la jornada para Pentagram y que dejó al respetable listo y dispuesto para Kreator.

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A las 16:45, puntual también, ya se veía el telón de Kreator, un satanás observando la destrucción. De pronto, suena Reconquering the throne que volvió locos a todos y con un estadio casi lleno, estallan las melodías de Violent Revolution. Todo el mundo saltaba, todos coreaban la melodía, todos se entregaron a la ira visceral de una canción que a muchos les cala hondo. Mille cantaba con una fuerza impresionante, fuerte, claro y sin flaquear dio paso a un clásico que todos querían escuchar: Extreme Agression, una de aquellas tonadas que te erizan hasta el último pelo con su intensidad desquiciada. El mosh creció a un nivel sorprendente, tan así que el piso del estadio no soportó y empezó a desarmarse, haciendo que los chascones se resbalaran y tropezaran.

Phobia fue la siguiente joya, todos coreaban y saltaban, otros se dieron tiempo de reponer
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fuerzas, y bien que lo hicieron porque nada hacía presagiar, que esa tarde, luego de Phobia, viniera desde las fauces del infierno uno de los momentos más intensos de aquella jornada.

Luego de una pequeña pausa, se oyeron las baterías de Terrible Certainty, otro clásico del Kreator más violento, y obviamente Ventor lo dio todo, como si los años no existieran para él, luego el riff, ese riff que te llama a saltar, gritar, tirar combos y patadas, que de a poco transformó la cancha del Estadio Bicentenario en una licuadora capaz de moler todo a su paso, y así fue, los Thrasher terminaron sacando el piso del estadio, y quedando a puro pasto y con mejor agarre, las pasiones del público se desataron de una manera impresionante. 



Foto: Pedro Ateaga / El cuartel del Metal
Casi cinco minutos bastaron para desatar la locura. Luego se dio paso a Satan is real, uno de los mejores temas del último registro Gods of violence (2017). Mille, Ventor, Sami y Frederic observaban al público impresionados, mientras hacían la intro de Hordes of chaos. El público se abría, estaban todos espirituados con la melodía, que marcaría la antesala de un momento de intensidad que, por cosas de la vida, siempre serán algo intrínseco de Kreator. La velocidad y la energía se sentían, Kreator vino a darlo todo, y todos le dieron lo que quería Kreator, una jornada del Mosh Pit mas loco del mundo, en su segunda casa. Luego siguió con Hail to the hordes, otro registro de su último álbum que sería un éxito. Cuán tremendo fue, que los clásicos no paraban, fue una tras otra y de a poco el ritual de Kreator se volvía en una epítome de odio que se sublimaba por cada rincón del estadio Bicentenario, que a esa alturas estaba ya casi repleto. 

El sonido fue perfecto en cada banda, pero en Kreator se agradece de sobremanera y se destaca que la producción de Lotus haya logrado hacer que Kreator suene tal cual sus discos, y mucho mejor.

Un grito, una palabra, un sentimiento que Mille expresa con todas sus fuerzas "ENEMY!" gritó, y todos los asistentes al show supieron responder "OF GOD!". Y así, sin más, Mille tocaba los acordes de Enemy of God que marcaron uno de los momentos cúspide del show de Kreator en Santiago Gets Louder. Parecía que la tierra se abriría, que quedaría un hoyo en el piso, una explosión de blasfemia bañada de sangre, gritos guturales, chaquetas y muñequeras con púas. Sólo para valientes, y todos lo fueron, nadie se hizo indiferente, todos se volvieron enemigos de Dios.

Luego fue el turno del homónimo de Phantom Antichrist, un momento para dar cuenta de que a kreator no se les acaban las buenas ideas. Luego dieron paso a Betrayer, uno de los grandes clásicos que no podía faltar, para finalizar con Pleasure to Kill, un testimonio de velocidad frenética, psicótica y desenfrenada. Así, Kreator una vez más reivindica su lugar en Chile, dejando las pasiones encendidas para la siguiente banda.

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A las 18:45 ya se veía el telón que auguraba una tarde atrapante.

Como siempre, los Neoyorquinos conocen cómo hacer su pega bien, por eso y sin piedad, Scott Ian daba inicio al riff denso de cowboys from hell de Pantera, para seguir con el de Caught in a Mosh. Automáticamente el pit se abría, el estadio yacía lleno, y la adrenalina impregnaba los cuerpos y las almas de todo el público mientras Frank Bello iniciaba la fiesta con su bajo retumbante. Sin pausa, Frank y su energía se impregnaban con Got the time, Joey gritaba avivando a los asistentes, y el estadio se volvía una iglesia de Thrash Metal Clásico. Joey, como siempre muy agradecido y en su estilo corroboraba que la estuviera pasando bien, y para asegurarse, Madhouse fue su vieja confiable. Todos se volvieron locos, todos hacían alaridos de locura, todos bailaban y cabeceaban, "It's a madhouse!" se escuchaba por todo el estadio. Un Thrash callejero, de verdad, directamente de Nueva York, se erguía con fuerza al ritmo de I am the Law. Las personas volaban por encima del público, y daba gusto la expresión de Frank y Scott viendo la cagada que estaban dejando.
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Prosiguieron con Now it's Dark y remataron con Be all, end all. Todas las voces coreaban la intro de la canción que da inicio a uno de los mejores discos de Anthrax, State of euphoria(1988). Más de 30 años y siguen sonando como cuando eran unos lolitos usando Shorts cortos, sí, shorts muy cortos.

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Siguieron con Efilnikufesin (N.F.L) y luego con un tributo a dos leyendas, Ronnie James Dio y Dimebag Darrell, que se concretaría con la canción In the end, que llenaba la atmósfera del Bicentenario con un velo casi fúnebre. A.I.R. fue la siguiente tanda de Thrash Metal puritano y el doble bombo de Charlie Benante subía la temperatura junto a la guitarra de Jonathan Donais. Increible que el público no dejara la intensidad de principio a fin, aunque el cansancio se nota.

Antisocial fue uno de los momentos cúspide, el clásico Cover de Trust hacía que la locura fuese cada vez peor, el pit se llenaba y al ritmo de Antisocial todo parecía mucho más entretenido. "AN TI SO CIAL, AN TI SO CIAL" se escuchaba retumbar a todo un estadio que supo recibir a los veteranos de Anthrax.

Finalmente, Indians marcaba lo momentos finales de Anthrax en el escenario del bicentenario, dejando como siempre la vara altísima, y obviamente expectantes ante una nueva visita de Anthrax.


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Siendo las 20:50, un telón negro cubría el escenario, la emoción de un momento que no esperábamos, ni tampoco queríamos. El ambiente se cubrió de una sensación diferente, muy diferente de otros shows. A las 21:00 en punto, la intro de Repentless daba inicio al último show de Slayer en Santiago de Chile. Cuatro cruces invertidas le daban la bienvenida al infierno a 40.000 personas, las emociones se sentían, y en la cara de los más old school se notaba la nostalgia. Antes del show era imposible no escuchar las historias de adolescencias marcadas por los primeros registros de Slayer.

Sonaba Repentless, rápido, fuerte, seguro y con fuerza. Tom Araya, Chileno, lo daba todo. Gary Holt, Kerry King y Paul Bostaph no flaqueaban ante un público que exige de Slayer lo que Slayer debe dar, y por eso dieron inicio a uno de los clásicos más malvados del Thrash Metal, Evil has no boundaries! Era increíble ver a casi tres generaciones juntas creando tornados de carne y metal, momentos invaluables para muchos quienes incluso, mosheaban junto a sus hijos.

Sin dejar un espacio para tomar siquiera aire, Kerry hacía sonar el característico riff de
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World Painted Blood, el homónimo del último registro con el fallecido Jeff Hannemann. Intenso, rápido, fuerte y claro, se escuchaba a los presentes cantar cada canción a rompegarganta. Postmortem y Hate Worldwide fueron las siguientes joyas que tenían a todo el lugar vislumbrado. Ver a Slayer por última vez es algo que se sentía que nadie quería. War Ensamble fue la tanda clásica cantada por todos, y Tom no flaqueaba. La manera en que cantaba habría hecho pensar a cualquiera que la vejez es una mentira y esta en la mente. El mosh no paraba, las personas llovían por sobre el público, las bengalas se hacían presentes y el ambiente era el ideal para despedir a una de las bandas más grandes de todo el Metal.

Gemini fue la antesala para preparar al público. Hubo varios minutos en que no había descanso, y Disciple no fue menos, la increíble energía que se sentía en el lugar es incomparable.

Hubo un momento de descanso con Mandatory Suicide, pero las cabezas no dejaban de bangear, y en cuanto terminó la canción, Paul empezó a darle a las baterías como si el cielo se estuviera partiendo. Esa fue la intro de Chemical Warfare, clásico indiscutido que movió a las decenas de miles de fanáticos asistentes al show. El estadio zumbaba al grito de Chemical Warfare y el "VIVA CHILE MIERDAA!".

La banda hace una pausa, Tom en su estilo humilde da las gracias y pregunta al público si saben que significa Payback, a lo que no muchos responden de manera esperada, luego Tom grita al público "PAYBACK'S A BITCH!!", y da inicio a otra tanda increible que dejó a todos sin aliento. Siguieron con Temptation y Born of fire, para dar paso a algo que, según impresiones no todos se esperaban, Seasons in the Abyss y Hell Awaits que no estuvo exento de gritos demoníacos, South of Heaven, donde se escuchaba el coro "Anda pa'l sur de Chile!" y la guinda más dulce de la torta: Raining Blood.

El público ya se sentía algo exhausto, pero aquellos golpes, el augurio de una lluvia satánica, poseyeron a todos llevándolos a un éxtasis de maldad y oscuridad que siguió con Black Magic y, tristemente, pero al final, Angel of Death.

Cuando acabaron de tocar, Paul, Gary y Kerry, luego de regalar uñetas y baquetas se retiraron. Y ahí quedó, con la mirada fija al público, con los ojos llenos de sentimientos, nostalgia, recuerdos, el Chileno, el gran Tom Araya nacido en Viña del Mar. Fueron largos minutos de aplausos, vítores, cánticos, pero sobre todo, emoción. 

Con la vista clavada al público, Tom observaba como si quisiera grabar en su retina para siempre al público que le ha sido fiel por casi 40 años. Y así, con una mirada final Tom se despidió de Santiago para siempre y desde el corazón a punto de quebrar. Sin duda un momento en nuestras vidas que muchos no imaginábamos, el Final de Slayer.

Crónica por Bastián Fernández Aramburu
Fotos por Pedro Ateaga
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