Ya sea por colaborar frecuentemente (tanto en estudio como en vivo) con el vocalista de Mayhem Attila Csihar, por sus trabajos en conjunto con artistas tan disímiles como las leyendas industriales Nurse With Wound, el artista de noise Merzbow, los multifacéticos japoneses Boris y los siempre cambiantes Ulver, la música que editan a través de su sello Southern Lord o simplemente porque el estilo del grupo pegue en el punto justo, el nombre de Sunn O))) es algo bien conocido en el amplio espectro de la música extrema, sea o no dentro del metal.  Es que la misma obra del dúo estadounidense es peculiar, como una cruza extraña entre el riff grave de Black Sabbath, las estructuras minimalistas de vanguardia de La Monte Young y las atmósferas opresivas y sofocantes de la música ambiental oscura.

Sunn O))) no habrán sido la primera banda en utilizar este “drone” como elemento principal en un contexto metalero (crédito que mucha gente le dará a los también estadounidenses Earth, justamente su mayor influencia), pero si fueron los que llevaron este estilo, el llamado “drone metal” (llamado así por el zumbido grave de las guitarras y los parlantes, bautizado como “drone” en inglés), a su mayor exposición entre las corrientes mainstream. Y aunque la obra del grupo tenga detractores que los ven como un chiste dirigido a hipsters y que comparan sus composiciones con “el ruido que hace una heladera” (aunque este sea un chiste que también se escuche entre fans de la banda), es imposible negar que hay algo en Sunn O))) que le llega a mucha gente de gusto curioso por la música.

Con el dúo editando su nuevo álbum Life Metal y considerando la clase de música oscura y casi impenetrable por la que es conocido, la noticia de que Stephen O’Malley, 50% de Sunn O))) junto al también guitarrista Greg Anderson, iba a estar tocando por Sudamérica debió haber tomado a más de uno por sorpresa. O’Malley, radicado desde hace un tiempo en Francia, comenzó una minigira en solitario que lo va a tener tocando durante dos semanas de mayo en Brasil, Chile, Perú y Argentina. Fue en nuestro país donde arrancó esta serie de shows, tocando el 8 de mayo en el subsuelo de Casa Colombo, ubicada en Gallo 557 en la ciudad de Buenos Aires, a metros de Uniclub, y como parte de la Drone Celebration, organizada por Venado Records como oportunidad para reunir a diversos exponentes de la música experimental.

Las horas previas a la presentación de O’Malley estuvieron ambientadas con música de Michael Gira, Tortoise, Coil y Metasplice, entre otros artistas experimentales, y tuvieron la participación de diversos músicos, elegidos por el mismo guitarrista para la ocasión. Es así que pasaron Vlubä (autodenominado como “un proyecto de arte paranormal enfocado en la vida extraterrestre”), Zigo Rayopineal (artista de música ambiental, drone y noise de larga trayectoria en la escena argentina), Fiend (proyecto de Martín Tarifeño, del grupo Bhutan, basado en música electrónica experimental con uso de guitarras) y Alma Laprida + Alan Courtis (dúo basado en la improvisación libre con “trompetas marinas”, un instrumento medieval europeo de una sola cuerda). Cada uno de estos actos se retiró con grandes aplausos del público, que reflejaba el eclecticismo de la obra de O’Malley al ser del más diverso que haya visto en un recital relacionado, aunque sea de manera lejana, con el heavy metal: del black metal de Darkthrone, al de stoner de Kadavar y Kyuss, a ya cosas complemente alejadas tanto del metal como siquiera del rock como Dead Can Dance y de ahí a ondas más alternativas y a algunos que parecían salidos de la facultad de Filosofía y Letras, había todo un espectro de adeptos a la música representados en el lugar.

Hacia las 22:40, después de probar sonido por unos minutos y dejar que la gente se fuera acumulando frente al pequeño escenario mientras éste se iba llenando de una gruesa nube de humo, Stephen O’Malley salió a escena. Sin la característica capucha que utiliza cuando toca con Sunn O))) pero sí con una de sus guitarras TB1000S, O’Malley se puso en el costado derecho del escenario y, dejando que el zumbido de los parlantes comenzara a llenar el ambiente, empezó a alargar notas en su guitarra, y uno podía sentir cómo las ondas golpeaban en todo el cuerpo.

De vez en cuando se quedaba completamente quieto y se centraba en su guitarra, otras veces comenzaba a jugar con sus pedales y cada tanto se acercaba a manipular las perillas de la variedad de parlantes que ocupaban todo el sector trasero del escenario, casi como si los pedales y los parlantes fueran su verdadero instrumento en vivo. No había un momento de silencio, sino que todo se llenaba con el sonido de esa única guitarra, tal vez sin mucho despliegue técnico pero sí de atención al tono.

O’Malley describe a su presentación como “Drone Sound Bath”, y esa es la manera perfecta para describirlo: un baño de frecuencias bajas, de zumbidos y acoples de la guitarra. Por momentos había una idea lejana de riff, tal vez donde las notas de alargaban tanto que cuando terminaba uno se olvidaba de dónde había empezado, o incluso algo de estructura, pero ésta se perdía en medio de la distorsión. Pero justamente acá no se buscaba una canción, sino la experiencia de estar en medio de este sonido.

Nadie en el público decía nada, intentaba tirar un comentario en voz baja, aunque fuera complicado con el volumen tan alto. Pero no hay que culpar a nadie si por momentos se desconectaba de lo que ocurría, siendo que es una experiencia que se alejaba de la de un recital común: acá no había canciones, sino algo más cercano a un “set”, continuo y sin interrupciones, como los de los artistas teloneros pero sólo usando una guitarra. Por momentos el humo en el escenario se disipaba y después volvía a aparecer. Alguno prendía un cigarrillo o un porro, otros cerraban los ojos y se quedaban en trance, y otros se miraban entre ellos, incómodos, como un resumen completo de todas las reacciones posibles ante este tipo de música.

Llegado un momento, O’Malley se acercó lentamente a los parlantes, todavía con el sonido valvular de la guitarra resonando en el ambiente, y los fue apagando uno por uno, dando así finalizada su presentación, con una sutil reverencia y el aplauso del público. Agradeciéndole de manera silenciosa a la gente, elevando su guitarra para ponerla a la vista de todos y tirando su única púa al público, O’Malley se retiró del escenario, mientras la gente, todavía con el zumbido en los oídos, salía al frío de la noche de Buenos Aires, seguramente recién dándose cuenta ahí de que el recital había durado una hora casi reloj.

Las palabras no alcanzan a describir una experiencia así, e incluso si pudiera estoy seguro que no muchos la entenderían. Ni siquiera ver un video en Youtube puede llegar a capturarla, así que la única manera de entenderla es estar en el lugar y sentirla en primera persona. Personalmente creo que hubo un par de cosas que le faltaron a la presentación: aunque el humo y los parlantes estuvieran en su lugar, no hubiera estado mal dejar el lugar a oscuras, al menos para acercarse al ambiente que este tipo de música requiere. Pero el haber tenido aunque sea la oportunidad de tener algo tan particular en nuestro país es algo para agradecer.

Siendo que, con excepción de su participación en el el festival de música experimental Radar en 2009, Sunn O))) no pisó nunca Latinoamérica, esta minigira bien podría demostrar que hay un público para este tipo de música en la región, tal vez minúsculo pero ciertamente dedicado. ¿Podría ser el primer paso para una futura visita del dúo?

Crónica por: MARTÍN CIRILLO
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