Por: Martín Cirillo

Tracklist:
1. Soberbia
2. Gritando Verdades
3. Rabia
4. Infame
5. Silencios
6. Primitivo
7. Ser Irreal
8. Síndrome
9. Calma Infernal
10. Mundo Caos
11. Prisión Mental

A más de treinta años de su formación, Horcas tiene razones más que suficientes para considerarse una de las bandas más importantes del metal argentino, teniendo una discografía que, con nuestro álbum de esta ocasión, llega a los diez discos, un número poco visto en la escena pesada argentina. Claro que estas tres décadas no han sido todo color de rosa para Horcas, considerando las polémicas que han plagado la historia de la banda desde la muerte del guitarrista Osvaldo Civile en 1999. Algunas pueden tener algo de sentido, como los que creen que la decisión del grupo de seguir sin su fundador y último miembro original es un insulto a la memoria de Civile o  las peleas por los derechos sobre el nombre del grupo, pero otras me hacen creer que los típicos estereotipos acerca del metalero argentino están lejos de desaparecer, como los que mencionan que el cantante Walter Meza fuera parte de un grupo de cumbia como un insulto.

Gritando Verdades, ya décimo álbum de la banda, ya marca la idea del álbum en su título, lo que se confirma cuando comienza con “Soberbia”, que ya marca los parámetros por los que se va a seguir: marcha acelerada, mucho doble bombo, riffs clásicos thrasheros y letras combativas en contra de los políticos, la religión y todos los estamentos del poder, todos elementos inseparables no sólo del metal argentino sino también de la historia de Horcas. Y es ahí donde radica un gran problema de Gritando Verdades, y es que todos los elementos  que se pueden escuchar a lo largo de sus 46 minutos ya lo escuchamos en discos anteriores: desde los riffs a los solos y hasta las letras, Horcas tienen límites bastante acotados donde moverse. Casi siempre se apoyan en el heavy/thrash que se suele esperar de la banda y a veces inyectándole algo del groove a lo Pantera de la etapa post-Civile, como en canciones como “Primitivo”. El álbum se sale un poco del molde con las más lentas y melódicas “Calma Infernal” y, sobre todo, “Silencios”, que vendría a ser una balada pesada.

Claro que esto es más algo de gusto propio, y Horcas fue, junto a V8 y Hermética, una de las bandas que impuso este estilo en el metal argentino y que después cientos de bandas replicaron con cantidades desiguales de éxito. Puede que hasta cierto punto se haya devaluado a través de la repetición, como querer ver Duro de Matar después de haber visto todas sus secuelas y todas las otras películas que robaron todo de Duro de Matar: el impacto ya no es el mismo.

Pero aunque escuchar este thrash combativo en 2018 o 2019 esté muy lejos de tener el mismo impacto que podría haber tenido dos décadas atrás, eso no implica que el disco no se pueda disfrutar. Y la verdad es que el disco trae un par de joyitas como para poder cabecear un rato, como las rapidísimas “Infame” y “Primitivo”, esta última de grandes riffs. También está “Mundo Caos”, con una introducción de batería que sirve para mostrar las habilidades del recién llegado Mariano Martín, ex Mastifal que entró para reemplazar al histórico Guillermo De Luca y que en este disco se convierte en uno de los puntos a destacar, con su gran manejo del doble bombo.

Otro punto a destacar es todo el trabajo de producción, donde se puede distinguir sin problemas el bajo, algo que siempre suelo ver como un elemento positivo, sobre todo en los lanzamientos más actuales. Y a esto se suma que todo el trabajo en el disco fue hecho de manera independiente, todo un símbolo del estado actual de la escena nacional, con las bandas tomando las riendas de la producción de sus álbumes ante el desinterés de los grandes sellos.

Gritando Verdades no es un disco que vaya a cambiar la carrera de la banda, pero es un trabajo más que digno en todo sentido, con un par de grandes canciones y varias más aprueban sin problemas. Aunque me hubiera gustado que se le diera algún giro a la fórmula ya establecida, ya con treinta años de carrera Horcas tienen una fórmula que pueden llamar propia, y tienen derecho a explotarla como quieran.

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