PH: Pablo Gándara
Tomar clases con Satriani de chico. Trabajar con Frank Zappa. Tocar con y para los más grandes como Ozzy, David Lee Roth, Orianthi y Whitesnake, entre muchos. Todo eso y más logró Vai con sus 50 años de edad, aparte de un reconocimiento demoledor alrededor del mundo. En el año 2012 volvió a estar en boca de todos cuando sacó “The Story of Light”, quizás el álbum más inspirado de su carrera en mucho tiempo, y la doble función con entradas agotadas que iba a entregar en Argentina para finalizar su gira mundial (que llevaba nada más y nada menos que 16 meses hasta el momento) reivindicó lo que dije previamente sobre su reconocimiento. Camino al Gran Rex me crucé sobre la Av. 9 de Julio a un grupo de hinchas de Boca que se dirigían al Obelisco para, supuestamente, festejar el día del hincha Xeneize. El problema viene, como todos ya saben, ya que en lugar de ser un encuentro para toda la familia, los comercios estaban cerrando sus puertas porque se notaba a simple vista que la mayoría estaba generando disturbios esperando el momento oportuno para cometer de las suyas. Así que el panorama desde la puerta del Gran Rex dio una imagen lamentable de Buenos Aires para quienes se acercaron a presenciar el show de Steve Vai. Ya seguros dentro de un recinto colmado, cada uno sentado en donde le correspondía, y tras una pequeña demora de 15 minutos, mientras pasaban música excelente (con canciones de Devin Townsend entre otras), una guitarra sonó a un volumen extremadamente alto en un momento que agarró a todos distraídos y así comenzó lo que sería una larga noche de rock. Las luces se apagaron y “Racing the World” fue la encargada de abrir la ceremonia, seguida de “Velorum”, “Building the Church” y “Tender Surrender”. Y ahí estaba Vai con su enorme carisma dialogando con el público a través de su guitarra.

Pero Steve no está solo. Lo acompaña una banda que da cátedra segundo a segundo: Philip Bynoe (bajista impecable), Dave Weiner (segunda guitarra) y Jeremy Colson (un baterista muy versátil). Dave se encargó de darle un respiro a Steve y mientras la estrella descansaba el guitarrista de su banda nos entregó una pieza acústica de su álbum solista. Para seguir con el repertorio Vai nos entregó la hipnótica “Whispering a Prayer” y “The Audience Is Listening”, seguido de un hermoso set acústico que tranquilizó el ambiente al compás de bellas baladas que demostraban una vez más que no importa qué tipo de guitarra agarre Steve: si no te rockea en la cara, te conmueve. Luego de un extenso pero aplastante solo de batería que llevó del Funk al Metal, pasando por otros varios géneros, las luces se apagaron nuevamente y Steve apareció, tal guitarrista de otro mundo, con un traje espacial repleto de luces y en la punta de cada dedo llevaba un láser rojo (o sea, un traje a lo Wes Borland). Como no podía ser de otra manera el setlist teatral pseudo espacial-futurista comenzó con “The Ultra Zone” (del disco homónimo de 1999) seguida de “Frank”, “Build Me a Song” y “For the Love of God”.

La seleccionada para coronar la noche fue “Fire Garden Suite IV – Taurus Bulba” realizando cada truco sobre el escenario nuevamente, pero así es Steve Vai: toca la guitarra, baila un poco “como Prince” (dicho por él mismo), canta, juega con las luces y hasta hace del viento salido de su ventilador parte de la canción, parte del espectáculo sonoro/visual que presenciamos, porque el escenario sólo estaba decorado con el arte de tapa de “The Story of Light”, su último disco, pero no hacían falta pantallas con proyecciones de acompañamiento. Todos los presentes tuvimos frente a nuestros ojos a un guitarrista que nos entretuvo cada minuto de las tres horas de recital que nos brindó esa noche. Ya finalizado el show y con un público contento (sobre todo los cuatro afortunados del público que fueron seleccionados al azar para ayudar a Steve y su banda en una canción) todos salimos sin saber que nos esperaba afuera, si continuaban los disturbios entre los que no saben vivir en sociedad (esos no son hinchas) y la policía, si todos íbamos ir a poder tomar un colectivo tranquilos para retornar a nuestros hogares, si habría líos en las cercanías incluso. Pero fue una vez que emprendí el retorno a mi casa que me di cuenta que desde el segundo que Steve salió al escenario me olvidé completamente de todo lo que sucedía afuera, me olvidé que el mundo seguía girando. De seguro no fui el único y eso se logra solamente presenciando un excelente show como el de Steve Vai en Buenos Aires.



Crónica: Sebastian Giardino
Fotografía: Pablo Gándara


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